Hay proyectos que empiezan con un patrón. Este empieza con una pregunta: ¿seré capaz de crear un jersey utilizando lana hilada a mano y teñida por mí?
Después de llevar algo más de un año hilando y tiñendo, y de encontrarme con muchas madejas huérfanas y difíciles de combinar entre sí, sentí la necesidad de hacer algo diferente: empezar a hilar con un propósito. Cuando este jersey se cruzó en mi camino, fue la excusa perfecta.
La idea es sencilla de explicar, aunque probablemente no tanto de ejecutar. Mi objetivo es tejer un jersey con lana hilada a mano, utilizando fibra teñida con plantas y realizar todo el proceso hasta convertirlo en una prenda. Un proceso que va a reunir tres de las disciplinas textiles que más disfruto a día de hoy y que, al mismo tiempo, me obligará a salir de mi zona de confort una y otra vez.
¿Por qué tejer un jersey con lana hilada a mano?
Durante estos últimos meses he estado experimentando con tintes naturales, aprendiendo a hilar y creando madejas cargadas de aprendizaje. Pero, hasta ahora, todas ellas han decidido quiénes querían ser. Yo sentía que tenía poca decisión en el resultado final. Experimentar con colores, sin saber realmente qué obtendría, hilar intentando conseguir una homogeneidad en el hilo, pero sin controlar grosor ni metros, etc.
Hasta que un día paré y decidí que tenía que dar la vuelta al proceso y empezar a hilar con un propósito en mente. En lugar de preguntarme qué podía hacer con las madejas que ya tenía, quería decidir primero qué quería crear y avanzar paso a paso para llegar hasta allí. Elegir los colores, buscar el grosor adecuado, calcular los metros necesarios… y dejar que cada decisión tuviera un propósito.
Y de repente apareció este jersey. Y fue la excusa perfecta.
Me lo voy a tomar con calma. No tengo una fecha a la que llegar. Quiero experimentar, equivocarme, cambiar de idea cuando sea necesario y disfrutar de cada etapa del proceso. Porque, si todo sale bien, al final tendré un jersey. Pero, pase lo que pase, por el camino habré aprendido muchísimo más que eso.
Este artículo es el punto de partida de ese viaje. A partir de aquí iré documentando cada paso: las pruebas de color, las decisiones que vaya tomando, el hilado, el tejido y también los errores, porque seguro que habrá unos cuantos. Espero que, cuando todo termine, este diario sirva tanto para recordar el proceso como para ayudar o inspirar a otras personas que quieran embarcarse en una aventura parecida.
El patrón: Harvest Flower Sweater
El protagonista de este proyecto es el Harvest Flower, un diseño de Jessie Maed Designs.
La verdad es que, cuando lo vi por primera vez, no me llamó especialmente la atención. Fue después, al encontrar una versión tejida con un fondo oscuro y las flores en tonos mucho más luminosos, cuando tuve un auténtico flechazo.
Los colores y los tintes naturales
Me imaginé esos mismos contrastes, pero utilizando colores que pudiera conseguir con tintes naturales, y ya no pude quitármelo de la cabeza. Saqué algunas muestras de madejas teñidas el verano pasado y empecé a plantear posibles combinaciones.

Para el color principal, el fondo oscuro del jersey, ya tenía claro el punto de partida. Utilizaré una fibra marrón de oveja negra extremeña que compré el año pasado en la feria Creativamente Córdoba, en el stand de DehesaLana. Se trata de una cooperativa situada en Hervás que trabaja para recuperar y poner en valor la lana de esta raza autóctona.
Con la base resuelta, solo quedaba encontrar los tres colores que darán vida a las flores: un verde para los tallos, un tono caldera para los pétalos y un amarillo cálido para el centro.
Las madejas de la imagen son pruebas de tintes que tenía ya hechas y que me sirvieron como inspiración de colores.
La idea inicial es conseguirlos utilizando tres plantas distintas. Quiero probar el hibisco para el verde, las hojas de olivo para el amarillo y la raíz de rubia para obtener ese color caldera tan característico. Son colores que ya he explorado en pequeños experimentos y que, al menos sobre el papel, parecen encajar bastante bien con la paleta que tengo en mente.
Pero una cosa es la planificación y otra muy distinta la realidad de los tintes naturales.
Cuando se trabaja con plantas no existe una receta que garantice obtener exactamente el mismo color una y otra vez. La variedad de la planta, la época de recolección, la cantidad utilizada, la temperatura del baño, el pH del agua o incluso el tiempo de extracción pueden cambiar por completo el resultado.
Por eso he preparado una paleta de referencia, no un objetivo inamovible. Mi intención será acercarme lo máximo posible a esos colores, pero también quiero dejar espacio para que el propio proceso tenga algo que decir. Si el hibisco decide convertirse en un verde más frío o el amarillo del olivo termina siendo menos dorado de lo esperado, será el proyecto el que se adapte a esos cambios, y no al revés.
Al fin y al cabo, con los tintes naturales nunca tienes el control absoluto. Siempre hay un pequeño margen para la sorpresa, y creo que precisamente ahí reside parte de su magia.
El hilado
Precisamente porque quiero tejer un jersey con lana hilada a mano, el grosor del hilo se convierte en una de las decisiones más importantes de todo el proyecto. El patrón original está pensado para tejerse con agujas de 5 mm, lo que implica utilizar una lana bastante gruesa. Ahí aparecieron los dos primeros retos del proyecto.
El primero es práctico. Vivo en Sevilla y, siendo realista, un jersey tan grueso apenas podré usarlo aquí.
El segundo tiene que ver con el hilado. Mi forma de hilar tiende a producir hilos bastante finos, normalmente en un grosor fingering. Conseguir un hilo más grueso y a la vez uniforme supone salir de mi zona de confort y aprender a controlar aspectos a los que hasta ahora no había prestado atención.

Por eso he decidido adaptar el proyecto a mis necesidades. La idea es hilar una lana de grosor DK, con suficiente cuerpo, pero con la que obtenga una prenda más ligera y adecuada para el clima en el que vivo. Si todo va según lo previsto, lo tejeré con agujas de 4 o 4,5 mm, ajustando la muestra para mantener la esencia del diseño pero creando un jersey que realmente vaya a usar.
El propósito
Si hay algo que tengo claro desde el principio es que este proyecto no gira en torno al resultado final. Por supuesto, me encantaría que el jersey quedara espectacular. Pero ese no es el verdadero objetivo.
Lo que realmente me ilusiona es todo lo que voy a aprender por el camino.
Sigo considerándome una principiante tanto en hilado como en tintes naturales. Durante este último año he experimentado mucho, pero casi siempre sin un objetivo concreto. Esta será la primera vez que todas esas decisiones —desde elegir una fibra hasta calcular el grosor del hilo o buscar una determinada gama de colores— formen parte de un mismo proyecto.
Tampoco parto de una idea cerrada. Tengo una dirección, una paleta de colores y un resultado al que me gustaría acercarme, pero sé que tendré que adaptarme continuamente. Los colores pueden no ser los elegidos, el hilo puede resultar de otro grosor y seguramente tenga que replantear algunas decisiones sobre la marcha. Y está bien que sea así. Creo que esa capacidad de observar, aprender y rectificar forma parte de la esencia de trabajar con las manos.
Aunque no quiero imponerme plazos rígidos, sí me apetece marcar algunas fechas que me ayuden a mantener el proyecto en movimiento.
Durante las próximas semanas iré tiñendo toda la fibra para dejarla preparada antes de julio. Mi intención es aprovechar el Tour de Fleece, un encuentro informal que reúne cada año a hilanderas de todo el mundo para hilar mientras se celebra el Tour de Francia. Me parece el momento ideal para centrarme en transformar toda esa fibra en las madejas que necesitará este jersey.
Si todo va según lo previsto, me gustaría terminar el hilado a principios de agosto y empezar a tejer durante ese mes. Al estar tejido con una aguja relativamente gruesa, espero que avance a buen ritmo y tenerlo listo para estrenarlo cuando llegue el frío.
Pero si hay algo que no quiero perder de vista es que esto no deja de ser un experimento. Si tengo que cambiar los colores, modificar el grosor del hilo, ajustar la muestra o incluso adaptar el dibujo del patrón para que las flores mantengan sus proporciones, lo haré. El objetivo nunca ha sido seguir un plan cerrado, sino construir una prenda que nazca de todas esas decisiones.
A partir de aquí iré documentando cada etapa: los tintes, el hilado, las muestras, los cálculos para elegir aguja y talla, las modificaciones que surjan y, por supuesto, los aciertos y los errores. Porque si algo espero que tenga valor cuando todo esto termine, no será solo el jersey, sino todo lo que habré aprendido en el proceso de crear un jersey con lana hilada a mano desde la fibra hasta la última puntada.